LA RESTAURACIÓN DE ISRAEL

Ya ha quedado asentado, que a nuestros ojos se está dando el cumplimiento del regreso de Israel a su tierra, y a 72 años de que la ONU declarara el Estado de Israel, las cosas no han cambiado en nada en cuanto a la hostilidad de la descendencia de Ismael hacia los descendientes de Isaac.

Min. Lorenzo Rivas Garcia

4/10/202411 min read

Jesús contestó a esta pregunta de sus apóstoles, que a ellos no les correspondía saber el tiempo del cumplimiento, y hoy el mundo está siendo testigo mudo del regreso del pueblo de Israel a su tierra, y con una muy alta probabilidad de que el tiempo del restablecimiento del reino a Israel se cumpla muy pronto, y a pesar de estar todo en su contra, no los han amedrentado los millones de judíos muertos, sin lograr llegar a su tierra, han quedado muchos de ellos en el mar mediterráneo, como ocurrió con aquellos que salieron de Egipto y no alcanzaron a entrar a la tierra prometida, quedando muertos en el desierto. Tampoco ha sido suficiente la oposición del mundo árabe, para detener la migración de los judíos hacia la tierra de sus padres.

El sentimiento antisemita, también ha invadido al mundo, debido a la prosperidad judía en todas las áreas, a pesar de que, desde que fue declarado como país por la Organización de las Naciones Unidas el 14 de mayo de 1948, han vivido literalmente en estado de guerra, y han sufrido varios ataques, donde los israelitas siempre han sido superados por mucho en cantidad de combatientes, y a pesar de ello, en una forma maravillosa, siempre han salido bien librados de cada una de estas guerras. También es muy probable que estemos a muy poco tiempo de que se logre un tratado de paz con todos sus enemigos, como ya se hizo en su momento, con Jordania y Egipto respectivamente. Y entonces, esto estará a punto de llegar a su culminación, mientras esto sucede nosotros vamos a lo que antes fue escrito del desarrollo y establecimiento de este pueblo, que es elegido de Dios.

ISRAEL Y SU HISTORIA

No deja de ser maravilloso, a ojos de propios y extraños, cómo vino a la existencia una nación que tuvo su origen en un hombre, que existió veinte siglos antes de Jesucristo, cuyo patriarca fue llamado por Jehová para que saliera de Ur de los caldeos, a una tierra que él no conocía y de paso se convertiría en el padre de un pueblo grande y numeroso como la arena de la mar. El pueblo de Israel fue singular por sus características, amado por causa de sus padres Abraham, Isaac y Jacob (Éxodo 32:13) y odiado por todos los que le rodeaban que se decían ser hijos de Abraham, sus hermanos los árabes. Quienes no sólo ahora reclaman la paternidad de Abraham, sino también el derecho de posesión de la tierra que Dios dejó a él y a su descendencia: “Porque toda la tierra que ves, la daré a ti ya tu simiente para siempre” (Génesis 13:15). Sin embargo, a nosotros nos queda claro que no fue a través de Ismael de quien vendría la simiente a quien se daría la tierra de la peregrinación de Abraham, sino de la línea de Isaac, como está escrito:

“… echa a esta sierva y a su hijo; que el hijo de esta sierva no ha de heredar con mi hijo, con Isaac … en todo lo que te dijere Sara, oye su voz, porque en Isaac te será llamada descendencia” (Génesis 21:10, 12).

Fue la voz de Dios que dijo que Isaac era el heredero, no la descendencia de Ismael. Lo que se pueda argumentar en favor o en contra, si fue justo o injusto, en realidad, no nos corresponde, fue designio de Dios.

La promesa dada a Abraham, de darle a su simiente aquella tierra desde el río de Egipto (el Nilo) hasta el río Eufrates; no se cumple sino hasta cuatro siglos después, y esto, de manera parcial, cuando el pueblo de Israel ya como un pueblo grande, sale de la tierra de Egipto después de cuatrocientos treinta años de peregrinaje en esa tierra. Justo cuando este tiempo se cumple, salen camino a la tierra prometida (Éxodo 12:40).

Fue justamente uno de los hijos de Jacob, quien notifica al pueblo, recordándoles sobre la promesa de la tierra en herencia, y los compromete respecto a sus huesos diciendo: “… yo me muero; mas Dios ciertamente os visitará, y os hará subir de aquesta tierra a la tierra que juró a Abraham, a Isaac, y a Jacob. Y conjuró José a los hijos de Israel, diciendo: Dios ciertamente os visitará, y haréis llevar de aquí mis huesos” (Génesis 50:24, 25). Y fue Dios precisamente quien dio posesión a Israel para hacerlos heredar la tierra que había prometido a Abraham, Isaac y Jacob; tierra que por lo generosa que era se les dijo: fluía leche y miel. Ahora veamos la manera extraordinaria en que el Señor hace entrega de la herencia: “Y pasado el Jordán, vinisteis a Jericó; y los moradores de Jericó pelearon contra vosotros: los amorreos, pherezeos, cananeos, heteos, gergeseos, heveos, y jebuseos: y yo los entregué en vuestras manos. Y envié tábanos delante de vosotros, los cuales echaron de delante de vosotros, a saber, a los dos reyes de los amorreos; no con tu espada, ni con tu arco. Y os di la tierra por la cual no trabajasteis, y las ciudades que no edificasteis, en las cuales moráis; y de las viñas y olivares que no plantasteis, coméis.” (Josué 24:11-13).

Por lo que dejó escrito Josué, cualquiera se da cuenta que no fue Israel quien conquistó la tierra de Canaán, sino nuestro Dios, y fue Él quien en cumplimiento de la promesa hecha a sus padres, expulsó de allí a aquellas siete naciones cananeas más fuertes y numerosas que Israel y hace entrega de aquella tierra para que la poseyeran. En realidad lo único que hace el pueblo, es recibir la herencia y tomar heredad.

Sin embargo, muerto Josué, Israel vuelve a hacer lo malo a ojos de Jehová como había hecho en el desierto, cayendo en idolatría una vez más, por lo cual Dios los entregó en manos de aquellos que habían sido arrojados de delante de ellos, oprimidos en su propia tierra: “Y dejaron a Jehová y adoraron a Baal y a Astaroth y el furor de Jehová se encendió contra Israel, el cual los entregó en manos de sus robadores que los despojaron, y los vendió en manos de sus enemigos de alrededor; y no pudieron parar más delante de sus enemigos.” (Jueces 2:13, 14). A pesar de todo esto, permanecieron en su tierra conservando su herencia ya que el Señor levantó en favor del pueblo jueces que los liberasen, hasta que a petición del mismo Israel, exigen ser como los demás pueblos, gobernados por un rey. Es entonces cuando Israel alcanza el mayor esplendor en su historia: durante el reinado de David y especialmente en el periodo en el que reinó Salomón, tiempo en el que muchos pueblos que antes los afligieron fueron sometidos a Israel.

Dos cosas debemos tener en cuenta; a Samuel le llenó de tristeza que el pueblo pidiera rey, no obstante, esto era para que se cumpliera la Palabra de Dios como está escrito: “…por tanto, constitúyenos ahora un rey que nos juzgue, como todas las gentes. Y descontentó a Samuel esta palabra que dijeron; danos rey que nos juzgue.” (I de Samuel 8:5, 6)

Es maravilloso ver el cumplimiento en estas palabras comparándolo con lo dicho por Moisés siglos antes de que esto ocurriera: “Cuando hubieres entrado en la tierra que Jehová tu Dios te da, y la poseyeres, y habitares en ella, y dijeres: pondré rey sobre mí, como todas las gentes que están a mis alrededores; sin duda pondrás por rey sobre ti al que Jehová tu Dios escogiere: de entre tus hermanos pondrás rey sobre ti.” (Deuteronomio 17:15, 16).

Ahora, volviendo al rey Salomón, este rey lo único que hizo fue administrar adecuadamente lo que su padre, el rey David, había conquistado a través de años de guerra, y ahora lo dejaba en sus manos para su cuidado: “Y Salomón señoreaba sobre todos los reinos, desde el río de la tierra de los filisteos hasta el término de Egipto: y traían presentes, y sirvieron a Salomón todos los días que vivió.” (1º Reyes 4:21) … fueron cuarenta años hermosos, llenos de paz y de prosperidad para el pueblo de Israel disfrutando de su tierra que Dios había prometido a sus padres: “Y Judá e Israel vivían seguros, cada uno debajo de su parra y debajo de su higuera, desde Dan hasta Beer-Seba, todos los días de Salomón” (1º Reyes 4:25). Hasta que el rey, ya viejo, se dejó inducir a la idolatría por sus mujeres sidonias: “Y ya que Salomón era viejo, sus mujeres inclinaron su corazón tras dioses ajenos …” (1º Reyes 11:4). Fueron la idolatría y el haber desechado a Jehová, motivos para que no reinara sobre ellos, lo que llenó de enojo a Dios, permitiendo que aquel pueblo bendecido de lo alto, unido en la toma de herencia: se dividiera en dos reinos para su desgracia y confusión propia:

“Por cuanto ha habido esto en ti, y no has guardado mi pacto y mis estatutos que yo te mandé, romperé el reino de ti, y lo entregaré a tu siervo. Empero no lo haré en tus días, por amor de David tu padre: romperélo de la mano de tu hijo. Sin embargo no romperé todo el reino, sino que daré una tribu a tu hijo, por amor de David mi siervo …” (1º Reyes 11:11-13); permaneciendo en su tierra muy poco tiempo en ese estado de desintegración, porque a pocos años después de esta decisión, el reino del norte, mejor conocido como Israel, cae derrotado en manos de los asirios, siendo llevados en cautiverio a tierra de sus enemigos, y esa tierra que era su herencia, la pierden por su pecado y es nuevamente poblada por gentes extrañas: “El rey de Asiria partió contra todo el país, y subió contra Samaria, y estuvo sobre ella tres años. En el año nueve de Oseas tomó el rey de Asiria a Samaria, y transportó a Israel a Asiria, … Jehová por tanto se airó en gran manera contra Israel, y quitólos de delante de su rostro; que no quedó sino sólo la tribu de Judá y trajo el rey de Asiria gente de Babilonia, y de Cutha, y de Ava, y de Hamath, y de Sepharvaim, y púsolos en las ciudades de Samaria, en lugar de los hijos de Israel;…” (2º Reyes 17:5-6, 18, 24).

Pero eso no fue todo, faltaba quizás lo peor, ya que el reino del sur, que Dios dijo dejaría al hijo de Salomón, años después también fue derrotado y llevado cautivo por su rebeldía a tierra de sus enemigos, perdiendo igual que sus hermanos del norte, la tierra de sus padres: “Los que quedaron del cuchillo, pasaron a Babilonia; y fueron siervos de él y de sus hijos, hasta que vino el reino de los persas; para que se cumpliese la palabra de Jehová por la boca de Jeremías hasta que los setenta años fueron cumplidos.” (2º Crónicas 36:20, 21).

Así de una manera infame, pierde Israel la posesión de su tierra; aunque como leímos, al término de los setenta años de cautiverio regresan a Jerusalén, y con mucho esfuerzo, arriesgando su vida, logran reconstruir los muros y la ciudad: “Y los que edificaban en el muro, y los que llevaban cargas y los que cargaban, con la una mano trabajaban en la obra, y en la otra tenían la espada. Porque los que edificaban, cada uno tenía su espada ceñida a sus lomos, y así edificaban…” (Nehemías 4:17, 18).

Terminada la edificación de los muros y la ciudad, el profeta quiso reorganizar el culto a Jehová: “Y díjeles: ¿qué mala cosa es esta que vosotros hacéis, profanando así el día de sábado? ¿No hicieron así vuestros padres, y trajo nuestro Dios sobre nosotros todo este mal, y sobre esta ciudad? ¿Y vosotros añadís ira sobre Israel profanando el sábado? Sucedió pues, que cuando iba oscureciendo a las puertas de Jerusalén antes de sábado, dije que se cerrasen las puertas, y ordené que no las abriesen hasta después del sábado; y puse a las puertas algunos de mis criados, para que en día de sábado no entrasen carga.” (Nehemías 13:17-19).

¿RESTITUIRÁS EL REINO A ISRAEL?

“Y tú. Oh torre del rebaño, la fortaleza de la hija de Sión vendrá hasta ti: y el señorío primero, el reino vendrá a la hija de Jerusalén.” (Miqueas 4:8). Ya ha quedado asentado, que a nuestros ojos se está dando el cumplimiento del regreso de Israel a su tierra, y a 72 años de que la ONU declarara el Estado de Israel, las cosas no han cambiado en nada en cuanto a la hostilidad de la descendencia de Ismael hacia los descendientes de Isaac, también quedó escrito cómo Israel sin ningún merecimiento recibió la herencia por amor a Abraham, Isaac y Jacob. Y como ellos con sus acciones rechazan la herencia perdiéndola por su rebelión, aunque vimos que al final de los setenta años de cautiverio en Babilonia regresan a su tierra pero no volvieron a poseer lo que en el tiempo de Salomón llegaron a tener en posesión en cuanto a extensiones de tierra se refiere, y fueron oprimidos en su propia tierra como ocurrió en tiempo de los Macabeos quienes lucharon para no permitir la violación del santuario y todo lo que Antioco pretendía que se hiciera en Jerusalén, así que cuando Jesús aparece, se ilusionaron pensando que había llegado el momento de tomar las armas para quitar de su cerviz el yugo del Imperio Romano, y más cuando oyeron que dijo Jesús que no había venido a meter paz … “Pensáis que he venido a la tierra a dar paz? No, os digo mas disensión.” (Lucas 12:51), cuando él explica a qué se refiere, los propios discípulos quedan confusos, pues ellos en especial, creían que el reino hacia Israel sería muy próximo “Y oyendo ellos estas cosas, prosiguió Jesús y dijo una parábola, por cuanto estaba cerca de Jerusalén, y porque pensaban que luego había de ser manifestado el reino de Dios…” (Lucas 19:11).

Sin embargo ya en el sermón profético les dice muy claramente que lejos de que el reino se restituyera a Israel en ese tiempo, este sería arrojado otra vez de su tierra hasta que el tiempo de los gentiles se cumpliera: “Y caerán a filo de espada, y serán llevados cautivos a todas las naciones: y Jerusalén será hollada de las gentes hasta que los tiempos de las gentes sean cumplidos…” (Lucas 21:24). Este texto cubre cientos de años en la historia de Israel: primero la destrucción física de Jerusalén, segundo, cómo el pueblo e Israel es llevado cautivo a todas las naciones y tercero, el regreso de Israel a la tierra de sus mayores.

La verdad, pareciera muy sencillo lo que le ocurrió, pero basta darle un vistazo a la historia y podríamos vislumbrar cuánta razón tenía el Señor Jesús cuando dijo que eran días de venganza: “Porque esto son días de venganza para que se cumplan todas las cosas que están escritas.” (Lucas 21:22). Resistieron muy esforzadamente, pero vendieron muy cara su derrota, porque sabían perfectamente que los que se iban ya no regresarían jamás a su tierra, porque la Palabra de Dios tiene cumplimiento: “No lloréis al muerto, ni de él os condolezcais: Llorad amargamente por el que va; porque no volverán jamás, ni verá la tierra donde nació.” (Jeremías 22:10).

Pasaron mil ochocientos setenta años para que aquel pueblo (aquellos huesos secos esparcidos por todo el mundo), tuvieran un lugar propio donde estar: la tierra de sus padres. Y ahora lo único que falta es que el estado de guerra en que se ha encontrado Israel, cambie y se firme un tratado de paz con las naciones árabes, como ya ocurrió con Jordania el 26 de marzo de 1979 y posteriormente con Egipto el 26 de octubre de 1994 y cuando esto suceda….. Para ello estará muy próxima la guerra del Armagedón y entonces Jesucristo ya como Rey de reyes estará a punto de tomar lo que por derecho le corresponde, el trono de David su padre para que reine sobre Israel:

“Este será grande, y será llamado el hijo del Altísimo: y le dará el Señor Dios el trono de David su padre: Y reinará en la casa de Jacob para siempre; y de su reino no habrá fin.” (Lucas 1:32, 33).

Entonces se les restituirá el reino primero y ya jamás los volverán a arrancar de su tierra porque entonces verdaderamente Jehová será su Dios y ellos serán su pueblo.